sábado, 25 de julio de 2009

Luis David dijo:

Querido Ramón:


Es muy interesante lo que comentas porque nos permite abundar en un tema que hemos abordado constantemente y que, por fortuna, parece inagotable: la percepción. Tienes razón cuando comentas que la realidad no es como la percibimos (y es todo un viaje entenderlo.)

El tema original de nuestra charla era una película, Apoc
alypto (Gibson, 2006). En apariencia, se trata de un producto concreto: es una cinta específica, realizada mediante una técnica ya establecida, cuenta una historia puntual, tiene una anécdota reconocible, la podemos comprar como un artículo más en cualquier súper y, de manera sorprendente, cada cuál vio algo diferente. Todos le otorgamos calificaciones ajenas al producto en sí pero, totalmente integradas a nosotros mismos como seres individuales.

Las opiniones fueron desde: históricamente falsa, cinematográficamente mala, entretenida, muy bien hecha y hasta contenía enseñanzas importantes.

¿Alguno de los que opinamos al respecto estaba equivocado? De ninguna manera. ¿Entonces cómo nos explicamos que todos podamos tener la razón si nuestras opiniones parecían y de hecho eran opuestas?

Vamos pues al fondo del asunto que nos ha ocupado todo este tiempo y que en apariencia era el arte, pero que en realidad ha sido la percepción y la subjetividad. Para esto y para no andar desvariando, nos apoyaremos en los teóricos más reconocidos por el momento: Chomsky, Grinder, Korsybski, et al.

Como bien sabemos, percibimos el mundo, la realidad, a través de nuestros sentidos: la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto (algunas corrientes añaden un sexto sentido: la intuición.)

Sin embargo, existen tres tipos de limitantes o filtros que nos impiden percibir la realidad en su totalidad: Limitantes Neurológicas, Limitantes Sociales y Limitantes Individuales.

Limitantes Neurológicas. Nuestros sistemas receptores están diseñados para percibir sólo una parte de la realidad. Por ejemplo, de todo el espectro electromagnético solo podemos percibir aquel que está comprendido en el rango de los 380 y los 680 milimicrones, es decir, la luz visible, lo cual nos permite ver las formas y los colores de los objetos de un cierto tamaño y hasta cierta distancia (para tamaños menores hemos tenido que inventar aparatos de ayuda como los microscopios, y para distancias mayores inventamos los telescopios. Nuestros ojos pues, no están diseñados para percibir por sí solos esas porciones de la realidad.) Pero el hecho de que no los percibamos sensorialmente no significa que no estén allí y que no tengan una influencia definitiva en nuestras vidas como lo comprobamos con los virus o con la fuerza de gravedad.

No somos capaces de escuchar sonidos por debajo de los 20 ciclos por segundo, ni por arriba de los 20 000 ciclos por segundo. Y para no extendernos mucho, diremos, a manera de axioma, que lo mismo sucede con los demás sentidos.

La realidad es infinitamente superior a la pequeña porción que podemos percibir y esa parte desapercibida influye en nosotros. Para ayudarnos en ese sentido y entender fenómenos que de otro modo serían inexplicables hemos inventado extensiones de nuestros sentidos en forma de: contadores Geiger, microscopios, micrófonos, telescopios, manómetros, termómetros, aceleradores de partículas, etc. Además hemos desarrollado ciencias como la física y las matemáticas con las que intentamos volver concreto lo abstracto. La física cuántica nos ayuda a entender el mundo paradójico de las partículas sub-atómicas que nunca veremos y la física relativista el mundo enredoso de la energía y las galaxias a las que nunca llegaremos.

Limitantes Sociales. Nuestra experiencia del mundo difiere del mundo en sí mismo mediante un conjunto de factores sociogenéticos. Con esto nos referimos a aquellas categorías o filtros a los cuales estamos sujetos como miembros de un grupo social: nuestro idioma, nuestras modalidades aceptadas de percibir y todas las convenciones socialmente aceptadas.

Tal vez el filtro más reconocido en esta categoría sea el idioma. Nuestro idioma cuenta con las palabras y los conceptos desarrollados por nuestro grupo social para describir una visión del mundo: nuestra realidad. Es un hecho que los pueblos con idiomas y conceptos específicos y claros tienden a ser rígidos y cuadrados. Aquellos que tienen idiomas metafóricos tienden a ser relajados y dispersos. (Hay una diferencia de concepto muy notoria entre un desarmador y un screwdriver… y tal vez eso explique por qué unos son industriosos y los otros desmadradores, ja ja ja)

Por eso cuando traducimos del Inglés al Español, debemos interpretar, porque los conceptos son diferentes y la traducción literal carece de sentido. Curiosamente la única manera de aprender otro idioma es adoptando su filosofía… aún sin darnos cuenta.

En español tenemos dos verbos diferentes, "ser y estar", para traducir el verbo inglés “to be”. Esto tiene consecuencias prácticas y filosóficas importantes porque mientras para ellos "to be", tiene una connotación específica, nosotros podemos ser sin estar o estar sin ser o ser y estar. Esta es la parte más difícil de comprender para los que aprenden nuestro idioma (y a nosotros nos da permiso de muchas cosas, ja ja ja.) Por eso para ellos un compromiso es algo estricto e ineludible y para nosotros es tan sólo una posibilidad. No es que ellos sean mejores o que nosotros lo seamos, simplemente es que nuestra cultura nos induce a cosas distintas porque percibimos y expresamos la realidad de diferente manera.

Nuestra sociedad nos dicta lo que es bueno y lo que es malo, aceptable o inaceptable y por eso nos ofendemos si creemos que hablan mal de los mayas (o por eso otros vieron Apocalypto horrorizados de lo salvajes que eran…) y mientras para unos era mentirosa, para los otros era realista. Pero fíjate bien que no estamos hablando de la verdad sino de la percepción.

Las limitantes sociales, a diferencia de las neurológicas que son genéticas, pueden ser cambiadas con relativa facilidad. Por eso podemos irnos a vivir a otro país y adoptar su cultura, es decir, adaptarnos a la nueva realidad.

Limitantes Individuales. Son todos aquellos filtros particulares que acumulamos por nuestra historia personal: educación familiar, grupo social, salud, crecimiento, educación escolar, etc. Esto es lo que nos hace a cada cuál diferente a los demás.

Es sorprendente que habiendo nacido en el seno de una misma familia, con los mismos padres, las mismas las circunstancias y todo lo demás, seamos tan diferentes de cada uno de nuestros hermanos tanto en carácter, personalidad y temperamento. Nuestros gustos son diferentes, nuestras creencias y valores también, nuestra ideología y nuestras convicciones hasta llegan a ser opuestas.

Aún las limitantes neurológicas, que compartimos con los demás seres humanos, están individualizadas: algunos necesitamos lentes o aparatos auditivos. Le llamamos “umbral del dolor” a la capacidad diferente de sentir y resistir el dolor. Algunos perciben olores donde los demás no se dan cuenta. Algunos sienten un malestar antes de que se declare un temblor, o sea que captan vibraciones y movimientos pequeños al mismo tiempo que los sismógrafos.

Estas limitantes nos impiden percibir la realidad tal y como es y por lo mismo debemos interpretarla. A lo más que podemos aspirar es a tener una representación de la misma: un mapa particular. Un mapa que nos permita reconocer el territorio y deambular por él. Pero un mapa es tan sólo la representación gráfica de una porción de la realidad. Podemos hacer un mapa de México que nos describa su silueta. Podemos incluir algunos detalles de su orografía, pero nunca contendrá todos y cada uno de los accidentes de su terreno. México es su gente, sus grupos sociales, sus etnias, sus diferentes costumbres y sus lenguas; sus manantiales, sus arroyos, ríos, lagos y litorales. Cada grano de polvo y cada gota de humedad pertenecen a su realidad y ni nuestros sentidos están capacitados para percibirlos en su totalidad ni el más completo estudio los puede incluir. Decimos entonces que: “El mapa no es el territorio que representa”

Cada uno de nosotros es totalmente diferente a los demás, pero estamos incluidos en una clasificación general que se llama: Mexicanos. Podemos dividir esta clasificación en grupos y subgrupos pero nunca podremos clasificar y definir exactamente a cada uno.

Nuestras generalizaciones nos permiten reducir la realidad a fragmentos manejables y reconocibles. No es necesario redefinir una puerta cada vez que nos encontremos ante una diferente o rara.

Algunas veces, clasificamos y generalizamos a todos los individuos que entren en la clasificación de una manera singular: todos somos mexicanos, todos los hombres son iguales (un amigo tenía una variante: todas las viejas son putas… menos mi mamá), las películas hollywoodenses son malas, el cine de arte es aburrido, el arte debe ser bello, etc. Es decir, deformamos la realidad para que concuerde con lo que nuestros filtros nos permitieron percibir.

Asimismo, eliminamos la mayor parte de la información ante nuestra incapacidad de manejarla. Enfocamos nuestra atención sólo en aquellos detalles que nos son importantes en un contexto determinado. Decimos: “es un día bonito” (¿frío o caluroso?, ¿con lluvia o seco? ¿cuántos grados de temperatura y porcentaje de humedad? ¿velocidad del viento? ¿iluminación?)

Pues bien, es de esta manera que vivimos, buscamos pareja, amamos, estudiamos y nos atrevemos a opinar sobre arte. Pero cómo podemos definir al arte como algo objetivo si ni siquiera podemos percibir la realidad objetiva.

Para poner un ejemplo muy fácil: Carlos Slim tiene muchísimo más dinero que cualquiera de nosotros. Ése es un hecho objetivo. En cuanto pensemos en si es justo o no que lo tenga, o si es justo o no que un particular pueda poseer por sí y para sí esa fortuna, entramos en el terreno de la subjetividad y la respuesta va a depender del mapa de cada cuál. El hecho es que difícilmente vamos a poder separar lo objetivo (Slim es uno de los hombres más ricos del mundo) de nuestra opinión subjetiva (eso es admirable o vergonzoso en un país como México.)

Aquí entran en juego nuestras generalizaciones (“detrás de toda gran fortuna hay un hecho ilegal” o “los ricos han hecho su fortuna con esfuerzo y dedicación”), nuestras deformaciones (“los ricos son malos y los pobres son buenos”) y nuestras eliminaciones (“tiene muchísimo más dinero que cualquiera de nosotros”)

Ahora imagínate que si esto nos ocurre cuando hablamos de un hecho objetivo, aunque intangible, lo que nos puede pasar cuando intentamos definir algo de suyo subjetivo como el arte. Y para colmo, cuando los argumentos son de tipo filosófico como belleza, estética, armonía, revelación, intuición, intención, etc.

Nuestros mecanismos de percepción son un filtro que actúa hacia adentro y nos forma apenas un mapa de la realidad, y el lenguaje con el que tratamos de expresar nuestro mapa actúa como un filtro hacia fuera reduciendo aún más la dimensión y la exactitud de la información. Y eso entendiendo lenguaje como idioma, pero ahora agrégale la extensión real de nuestro lenguaje particular (cuantas palabras y distinciones somos capaces de hacer: sinónimos, adjetivos, adverbios, etc.)

Cuándo crees que vamos a parar. Lo más seguro es que avancemos sin llegar a parte alguna. La plática puede incluso parecer redundante aunque no lo sea.

Lo único seguro es que, como bien lo señalaste, la realidad no es como la percibimos y, además, ninguno la percibe igual. Por eso no nos ponemos de acuerdo ni en el arte, ni en la religión, ni en el fut bol, ni en el amor, ni en…

Pero eso sí: qué interesante es discutirlo.

besos y abrazos para todos

luis david

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