sábado, 25 de julio de 2009

Rosa Elena dijo:

Bienvenido nuevamente querido Iván

Coincido contigo en que es importante distinguir lo que me gusta y lo que no, de aquello que universalmente es considerado como arte en general y también distinguir lo que es una gran obra de arte.

El criterio de sircunscribirlo a los gustos personales en sumamente limitado, y todo cabría dentro de ese saco, pero dejaría fuera la historia del arte en sí, pues si alguien dijera, apoyándose en ese criterio, que la cultura griega no aportó nada al arte, porque a esa persona pueda no gustarle sus obras ¡imagínate!. No, necesitamos una brujula que apunte a la esencia para guiarnos. Por supuesto, este criterio es absolutamente válido para comprar o colgar en tu casa una obra o ver una película o escuchar determinada música. En ese caso, sería tal vez el único criterio válido o el más respetable para evaluar la obra.

Si bien alrededor de muchas actividades recreativas conservamos maravillosas experiencias, no significan que son arte en sí mismas, ni el criterio es qué tan bien nos la pasamos. Distingamos entre experiencias significativas, formativas, importantes, divertidas y el arte en sí mismo. Déjenme exagerar, por ejemplo, comerse 10 tacos de lengua puede ser riquísimo y haberse dado en el contexto de una gran velada con grandes amigos, la música que nos gusta y habernos dejarnos entrañables recuerdos. Pero, obviamente, todo ese maravilloso contexto no convierte en arte el hecho de comerse los tacos, ni a la música que escuchamos, no necesariamente.

En relación al famoso garabato, me parece que el de cuevas debe ser mucho más pulido que el de cualquiera, y como tú dices, puede incluso venderse, pero aquí entran ya otros criterios comerciales como la fama y costo que alcanzan las obras de un artísta, no el valor intrínseco del garabato. De hecho, hay un anécdota muy relacionada, si no mal recuerdo es de Picasso. Se dice que necesitaba una mesa y le dibujó un boceto al carpintero, éste se la hizo y cuando el pintor le preguntó cuánto le debía, el carpintero le dijo que no era nada, que bastaba con que le firmara el boceto. Astuto el hombre, claro.


besos para todos.

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